Perversas diferencias (4/6)

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“El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria”.
Winston Churchill

“El economista vulgar cree hacer un gran descubrimiento ante la revelación de la estructura interna de las cosas cuando hace alarde de que las cosas, tal como aparecen, poseen un aspecto totalmente distinto. De hecho se jacta de su apego a la apariencia, que considera como la verdad última de la cosa”
Karl Marx

En tiempos actuales vemos a Estados Unidos y a países europeos como ejemplos de democracia, desarrollo y calidad de vida (a pesar de las crisis económicas). A estos habría que sumar a Japón, Corea del Sur y otros países asiáticos, que han crecido los últimos 50 años y, en nuestra lejana percepción (la cual comparto), tienen sociedades más “felices”.  Es entonces inevitable preguntarnos qué hicieron bien estos países y qué hacemos mal nosotros para seguir sintiéndonos en un país que presenta un “crecimiento infeliz” (Vergara, Ciudadanos sin República) y donde siguen existiendo preocupantes desigualdades. Definitivamente estas comparaciones entre países han sido motivo de diversos análisis y estudios; incluso se han presentado alternativas para que los países menos desarrollados logren un mayor progreso, pero los resultados no son tan alentadores. Propongo ahora construir una nueva teoría que explique la desigualdad, usando una diferente aproximación al problema y centrándonos en los últimos 70 años.



Revisemos rápidamente los casos asiáticos. Japón, después de quedar destruido tras la segunda guerra mundial, inicia un sorprendente crecimiento y llega a ser potencia mundial en el llamado “milagro japonés”. Corea del Sur igualmente exhibió un importante desarrollo después de la guerra interna a inicio de los años 50. Lo que tienen en común ambos países es que, después del episodio violento, fueron capaces de unirse y a base de trabajo reconstruyeron su economía. Definitivamente la confianza en el país y el consiguiente progreso que exhibieron estaban estrechamente relacionados con la inclusión que existía en estos países. Las personas eran reconocidas como parte importante del Estado y no eran dejadas de lado. En Latinoamérica: ¿las personas que viven en el área rural piensan igual?, ¿los dirigentes anti-mineros que dirían? o  ¿qué hay de las personas que hablan una lengua distinta? Definitivamente nuestro crecimiento económico no se centra en la persona y en sus capacidades, sino más bien en el capital y los recursos naturales.

Las diferencias "abismales" entre un lugar y otro pueden traer graves consecuencia para la paz y tranquilidad de las partes.

No quiero profundizar en temas históricos, pero sí visualizar cómo hemos llegado a eso. Para eso voy a realizar un ejemplo análogo al hecho por Acemoglu y Robinson en “¿Por qué fracasan los países?”. En sus capítulos iniciales, los autores comparan Sonora (México) con Sonora (Estados Unidos), dos ciudades separadas solo por un muro y que presentan grandes diferencias. En esta oportunidad voy a comparar dos ciudades de Sudamérica: Foz de Iguazú en Brasil y Ciudad del Este en Paraguay. Las diferencias entre una ciudad y otra son tremendas: a pesar de compartir los mismos recursos y una ubicación tan cercana, tuvieron un desarrollo económico muy diferente. Foz, en Brasil, es una ciudad ordenada y limpia; Ciudad del Este, en Paraguay, es una ciudad más caótica y peligrosa. Menos de 400 metros separan a una ciudad de la otra, por lo que para cruzar la frontera solo basta caminar y cruzar el río por un puente (tienen casi libre tránsito). A pesar de la cercanía, y la facilidad de moverse de un lugar a otro, las actividades económicas son diferentes.

En la ciudad brasilera la principal actividad es el turismo, por lo que ha sido ordenada para eso. En cambio, la ciudad paraguaya basa su actividad en el comercio. Sin embargo, para atraer a los clientes de los países vecinos, se requería que los productos sean de bajo precio, lo que dio paso a una gran informalidad; así, miles de personas de Brasil y Argentina viajan todos los meses a Paraguay para comprar allí más barato. El comercio ha invadido las calles, los ambulantes están expandidos desordenadamente, los productos no tienen precio (rige el regateo), no se pagan impuestos, la ciudad se encuentra sucia y el transporte público es deficiente. Una vez que Ciudad del Este empezó a recibir a tantos compradores a partir de la década de los 70, el comercio creció desorganizadamente sin mayor control, respondiendo a los incentivos económicos que llevaban a la ciudad al límite de su capacidad de gestión. Recibió muchos migrantes e inició un crecimiento comercial informal (era la manera como se mantenían los bajos precios y el “sistema” comercial funcionando). En la actualidad las diferencias entre la ciudad brasilera y la paraguaya son inmensamente grandes; se reconoce un problema en la segunda, pero combatirlo es difícil, dado el tamaño del comercio y la cantidad de dinero involucrada.  


Es decir, de cierto modo los incentivos económicos, buscando generar beneficios con facilidad, “moldearon” el crecimiento de las dos ciudades; ahora, décadas después, estos modelos de crecimiento generan desigualdades mucho más visibles entre una ciudad y otra, especialmente en lo referido a calidad de vida. Si bien es cierto existen otros factores históricos y políticos detrás de la desigualdad, los intereses económicos sí permitieron un aumento en las diferencias sociales, o al menos, lo hicieron mucho más evidente. Los que afirman que no podemos comparar la actividad económica del turismo con la actividad comercial a pequeña y mediana escala, entonces tampoco podrán negar que van a existir marcadas diferencias entre países que apuestan por la ciencia y tecnología como motores del crecimiento, con aquellos que crecen impulsados por la inversión extranjera y la exportación de materias primas (siempre recordando que todo crecimiento es bueno, pero a largo plazo los resultados podrían cambiar). Así, el ejemplo presentado entre las dos ciudades es bastante ilustrativo para observar lo que sucede entre países. Probablemente el segundo tipo de países (entre ellos el Perú) esté condenado a mirar siempre las espaldas del mundo más “desarrollado”, como lo hace Ciudad del Este a Foz de Iguazú, y además es posible que esta situación no cambie en el largo plazo, a no ser que se modifiquen las prioridades. 

CONTINUARÁ...

Prueba

Estudiante de economía en la Universidad del Pacífico, Lima. Soñador respecto a una mejor país, sociedad y mundo.

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