Perversas diferencias (4/6)
“El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto
de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de
miseria”.
Winston Churchill
“El economista vulgar cree hacer un gran
descubrimiento ante la revelación de la estructura interna de las cosas cuando
hace alarde de que las cosas, tal como aparecen, poseen un aspecto totalmente
distinto. De hecho se jacta de su apego a la apariencia, que considera como la
verdad última de la cosa”
Karl Marx
En tiempos actuales vemos a
Estados Unidos y a países europeos como ejemplos de democracia, desarrollo y
calidad de vida (a pesar de las crisis económicas). A estos habría que sumar a
Japón, Corea del Sur y otros países asiáticos, que han crecido los últimos 50 años
y, en nuestra lejana percepción (la cual comparto), tienen sociedades más
“felices”. Es entonces inevitable
preguntarnos qué hicieron bien estos países y qué hacemos mal nosotros para
seguir sintiéndonos en un país que presenta un “crecimiento infeliz” (Vergara,
Ciudadanos sin República) y donde siguen existiendo preocupantes desigualdades.
Definitivamente estas comparaciones entre países han sido motivo de diversos
análisis y estudios; incluso se han presentado alternativas para que los países
menos desarrollados logren un mayor progreso, pero los resultados no son tan
alentadores. Propongo ahora construir una nueva teoría que explique la
desigualdad, usando una diferente aproximación al problema y centrándonos en
los últimos 70 años.
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| Las diferencias "abismales" entre un lugar y otro pueden traer graves consecuencia para la paz y tranquilidad de las partes. |
No quiero
profundizar en temas históricos, pero sí visualizar cómo hemos llegado a eso. Para
eso voy a realizar un ejemplo análogo al hecho por Acemoglu y Robinson en “¿Por
qué fracasan los países?”. En sus capítulos iniciales, los autores comparan
Sonora (México) con Sonora (Estados Unidos), dos ciudades separadas solo por un
muro y que presentan grandes diferencias. En esta oportunidad voy a comparar
dos ciudades de Sudamérica: Foz de Iguazú en Brasil y Ciudad del Este en
Paraguay. Las diferencias entre una ciudad y otra son tremendas: a pesar de compartir
los mismos recursos y una ubicación tan cercana, tuvieron un desarrollo
económico muy diferente. Foz, en Brasil, es una ciudad ordenada y limpia;
Ciudad del Este, en Paraguay, es una ciudad más caótica y peligrosa. Menos de
400 metros separan a una ciudad de la otra, por lo que para cruzar la frontera
solo basta caminar y cruzar el río por un puente (tienen casi libre tránsito).
A pesar de la cercanía, y la facilidad de moverse de un lugar a otro, las
actividades económicas son diferentes.
En la ciudad brasilera la principal
actividad es el turismo, por lo que ha sido ordenada para eso. En cambio, la
ciudad paraguaya basa su actividad en el comercio. Sin embargo, para atraer a
los clientes de los países vecinos, se requería que los productos sean de bajo
precio, lo que dio paso a una gran informalidad; así, miles de personas de
Brasil y Argentina viajan todos los meses a Paraguay para comprar allí más
barato. El comercio ha invadido las calles, los ambulantes están expandidos
desordenadamente, los productos no tienen precio (rige el regateo), no se pagan
impuestos, la ciudad se encuentra sucia y el transporte público es deficiente.
Una vez que Ciudad del Este empezó a recibir a tantos compradores a partir de
la década de los 70, el comercio creció desorganizadamente sin mayor control, respondiendo
a los incentivos económicos que llevaban a la ciudad al límite de su capacidad
de gestión. Recibió muchos migrantes e inició un crecimiento comercial informal
(era la manera como se mantenían los bajos precios y el “sistema” comercial
funcionando). En la actualidad las diferencias entre la ciudad brasilera y la
paraguaya son inmensamente grandes; se reconoce un problema en la segunda, pero
combatirlo es difícil, dado el tamaño del comercio y la cantidad de dinero
involucrada.
Es decir, de cierto modo los incentivos económicos, buscando generar
beneficios con facilidad, “moldearon” el crecimiento de las dos ciudades;
ahora, décadas después, estos modelos de crecimiento generan desigualdades mucho más visibles entre una ciudad y
otra, especialmente en lo referido a calidad de vida. Si bien es cierto existen
otros factores históricos y políticos detrás de la desigualdad, los intereses
económicos sí permitieron un aumento en las diferencias sociales, o al menos,
lo hicieron mucho más evidente. Los que afirman que no podemos comparar la
actividad económica del turismo con la actividad comercial a pequeña y mediana
escala, entonces tampoco podrán negar que van a existir marcadas diferencias
entre países que apuestan por la ciencia y tecnología como motores del
crecimiento, con aquellos que crecen impulsados por la inversión extranjera y
la exportación de materias primas (siempre recordando que todo crecimiento es
bueno, pero a largo plazo los resultados podrían cambiar). Así, el ejemplo presentado
entre las dos ciudades es bastante ilustrativo para observar lo que sucede
entre países. Probablemente el segundo tipo de países (entre ellos el Perú)
esté condenado a mirar siempre las espaldas del mundo más “desarrollado”, como
lo hace Ciudad del Este a Foz de Iguazú, y además es posible que esta situación
no cambie en el largo plazo, a no ser que se modifiquen las prioridades.
CONTINUARÁ...
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