¿Inseguridad y desigualdad?

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América Latina es la región con mayor desigualdad de ingresos en el mundo (se estima que su índice de Gini es 0.51) y es también la región con mayor número de pandillas y delincuencia (43 de las 50 ciudades más peligrosas del mundo se encuentran en América Latina según el ranking de la organización "Justicia, Seguridad y Paz"), generando una alta percepción de inseguridad y, en algunos lugares, temor por la propia vida. Esta relación entre ambos indicadores no implica de ningún modo causalidad, pero la correlación sí da indicios de una preocupante realidad.


Desde América Central, cuna de bandas organizadas (recordemos, por ejemplo, a El Salvador, Honduras y Nicaragua), pasando a Sudamérica, la delincuencia y el crimen se han expandido. Venezuela es otro caso especial: en una democracia destrozada y una sociedad polarizada, la violencia ha avanzado peligrosamente. Al mismo tiempo desde Colombia sicarios, cupos y extorsiones se han expandido, y delitos como la extorsión han llegado a lugares como colegios en San Juan de Lurigancho. De hecho, en Perú la inseguridad es probablemente uno de los mayores problemas que enfrenta el Gobierno actual y no tenemos soluciones.

Ahora bien, ¿cómo explicar esta penosa situación? ¿Qué hay detrás de las personas que cometen estos delitos? Y lo principal, ¿cómo resolverlo? ¿Mayor mano dura y solucionamos el problema? Me arriesgo a esbozar una respuesta que incluya una variable económica, sin embargo creo que es necesario buscar otro tipo de explicaciones para obtener mejores resultados. Las desigualdades pueden llegar a ser tan marcadas pero al mismo tiempo pasar desapercibidas, que muchos nos acostumbramos a considerarlas normal. Entonces el crimen aparece justo en el medio de esta estructura social - en la cual se pierde el sentido de bien común - y es difícil de controlar. Así, más allá del rol de la justicia y el Gobierno, debemos observar que detrás de la inseguridad existe claramente una sociedad dividida, sin sentimientos de comunidad ni aprecio por el otro. Querer todo para uno, pasando por encima de los demás, es la regla que prima hoy en día. La economía y los mercados (laborales, por ejemplo) son finalmente un reflejo de lo mismo. 


Así llegamos a una situación donde se mantiene una estructura económica guiada por el egoísmo y la acumulación de riquezas, lo cual acrecienta las diferencias entre las personas (más allá de indicadores económicos), lo que a su vez mantiene las tensiones y permite que la inseguridad avance sigilosamente a su lado. Dado este contexto, ¿es válido preocuparse entonces por la desigualdad? Pensemos en ello.
*Recordemos siempre que esta visión nunca justifica ni promueve algún tipo de violencia, sino todo lo contrario: busca evitarlo.

Prueba

Estudiante de economía en la Universidad del Pacífico, Lima. Soñador respecto a una mejor país, sociedad y mundo.

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