Crecer y redistribuir... ¿Progreso para todos? (3/6)

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III.
"El desarrollo desarrolla desigualdad"
Eduardo Galeano
¿Cómo estamos enfrentando a la desigualdad? ¿Estamos siguiendo el camino correcto? ¿Los progresos logrados en materia inclusiva son sostenibles en el tiempo? Estas son preguntas muy abiertas y debatibles. Para mejorar esta lucha contra la desigualdad, que no todos se atreven a hacerla por desinterés o falta de conveniencia, es necesario tener una mirada integral del problema. En la primera parte se analizó el rol de la economía en las desigualdades; en la segunda parte se examinó un error frecuente: culpar a la ignorancia de nuestro fracaso y no entender los incentivos económicos que motivan las decisiones y construyen las instituciones. Ahora continuamos el análisis a un nivel mayor: el rol del Gobierno y el manejo económico de las políticas que luchan contra la desigualdad. De este modo se busca responder a las tres preguntas planteadas al inicio.

La desigualdad es un problema que nos genera preocupación, sin embargo la inquietud no la comparten todos y algunas elecciones que las personas realizan pueden contribuir a agrandar el problema. Así, se reconoce que las decisiones que toman las personas (gobernantes, empresarios, ciudadanos) tienen efectos indirectos no deseados: en economía se usa el término “externalidad” para hacer referencia a este fenómeno. Para explicar el vínculo entre el crecimiento y la desigualdad voy a usar esta falla de mercado, lo que me va a permitir ilustrar el problema y entender el rol del Gobierno en la solución del conflicto. Por motivos prácticos voy a realizar una comparación entre una minera que consume agua (dejando sin suficiente recurso a los agricultores) y políticas de crecimiento económico que permiten la desigualdad.

En el primer caso, la minera buscará solucionar la externalidad negativa que ha causado y usará sus recursos para invertir y compensar a los afectados. A manera de metáfora (no entenderlo en el sentido literal), el crecimiento económico genera una “externalidad negativa” al permitir la desigualdad: es un efecto indirecto, no deseado, pero real. El crecimiento que un país logra no alcanza a todos por igual, de hecho son pocas las personas capaces de invertir y beneficiarse luego del crecimiento. También es claro que el crecimiento suele generar más beneficios en el ámbito urbano que en el rural o, por ejemplo, que el mismo beneficia más a personas con formación técnica en comparación a personas que siempre han trabajado en la agricultura (y no desean ni tienen que cambiarlo). No quiero afirmar que el crecimiento genera desigualdad, pero sí es evidente que la permite. No es malo crecer, al contrario, este hecho permite que el Gobierno pueda realizar mayores inversiones y crear programas sociales de gran alcance, justamente buscando solucionar esta “externalidad negativa”. Así, busca redistribuir los ingresos para conseguir un progreso que alcance a todos.

Bajo este planteamiento sería entonces comparable la minera que invierte en un zona y beneficia a unos más que a otros (y por eso crea estrategias para compensar a los “no tan beneficiados”); y a nivel país, el conjunto de inversiones y producción, que generan crecimiento, pero también permiten la existencia de desigualdad. No es una comparación exacta, pero nos permite aproximarnos a algunos puntos débiles de este modelo de crecimiento y redistribución de ingresos. Considero que el problema de esta relación entre crecimiento y desigualdad es que justamente depende de los beneficios del primero para que la segunda se reduzca. La minera, si no tiene utilidades, no va a tener la capacidad para seguir invirtiendo en su región (solucionando las externalidades y ganando aceptación); de igual manera, si el país deja de crecer entonces no se va a poder combatir la desigualdad con el mismo éxito. Por eso existe una preocupación tan grande en las cifras de crecimiento del país y se afirma que de estos números depende continuar con el progreso. (Recomiendo leer esta editorial titulada “El crecimiento si se come”: http://elcomercio.pe/opinion/editorial/editorial-crecimiento-si-se-come-noticia-1802048 la cual reconfirma nuestra dependencia del crecimiento para seguir progresando).

A pesar del crecimiento, muchas personas siguen pensando que son ajenas al mismo y que la desigualdad se mantiene o empeora.

Lo más llamativo del vínculo del crecimiento económico con la lucha contra la desigualdad es que se presenta en gobiernos tanto de tendencia izquierda como de derecha. Brasil, gobernado por un partido socialista, ha tenido una fuerte baja en su tasa de crecimiento y por ello ha tenido que eliminar subsidios de servicios básicos y rediseñar programas sociales; dos medidas que combatían la desigualdad y que ya no pueden seguir haciéndolo con el mismo éxito. Perú, con una economía más liberal, está preocupado porque se presente una caída en la inversión extranjera (y por tanto un menor crecimiento en los próximos años), lo que dejaría de generar empleo y nuevas oportunidades para la población, en búsqueda de una mayor igualdad. Se observa que ambos sistemas políticos y económicos dependen del crecimiento para combatir la desigualdad. De este modo, el problema tratado no se relaciona directamente con sistemas políticos, sino con motivos más estructurales.

La economía es cíclica y por tanto, no podemos esperar que se reduzca la desigualdad solamente en épocas de crecimiento (como en el Perú los últimos 20 años). Una recesión en la economía, provocada incluso por un shock exógeno como la desaceleración de la economía china, nos impediría continuar con el progreso en materia inclusiva y mostraría nuestros errores (ocultados ahora detrás del crecimiento y de los programas sociales). Se debe atacar la raíz del problema y no sólo buscar compensar a los menos beneficiados por el crecimiento, como si se tratara de una “externalidad negativa”. En el país, algunas mineras podrían estar fracasando (o no seguir creciendo como Yanacocha o Southern) por este planteamiento enfocado sólo en la compensación. ¡Qué no pase lo mismo en la lucha contra la desigualdad! No se trata sólo de redistribuir sino de cambiar ciertos pensamientos, reflejados en la estructura institucional y socio-económica del país, los cuales no permiten un país más inclusivo.

Este análisis puede parecer pesimista pero no lo es. De hecho, se reconoce el progreso logrado en los últimos años,  por lo que se desea darle continuidad, pero especialmente se busca potenciarlo con ideas nuevas. Principalmente se deberá manejar mejor los incentivos y tener inversiones más coordinadas entre diferentes sectores. Que el éxito de los proyectos no dependa de un flujo de dinero constante, sino de una inversión inicial bien realizada, la cual siga generando beneficios e inclusión en el largo plazo. Es un camino más trabajoso pero necesario. Enfrentar a la desigualdad es más que redistribuir, debemos construir un mejor país junto a la población y no para ellos. Por último, no podemos depender únicamente de los ingresos del crecimiento, por lo que debemos realizar los ajustes necesarios y mejorar las instituciones, las cuales son finalmente las que siempre nos van a acompañar. Empecemos a trabajar.
"Aquel que crea posible un crecimiento ilimitado en un planeta finito o es un loco o es un economista"
Kenneth Bouilding

* En los siguiente post se analizará a profundidad los incentivos económicos, de ese modo se llegará a proponer medidas más concretas y realizables para el país.

Prueba

Estudiante de economía en la Universidad del Pacífico, Lima. Soñador respecto a una mejor país, sociedad y mundo.

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