Lecciones y conclusiones ¿Qué podemos hacer?
· Debemos entender que combatir las desigualdades es
mucho más que un conjunto de programas sociales: es un proceso que involucra a
todos los ciudadanos. La tranquilidad de la población viene de la mano
con un ideal de justicia difícil de alcanzar, pero por el que sí se puede
trabajar. Muchos problemas se relacionan con esto, ya sea la pobreza,
un sistema educativo deficiente, un mercado laboral ineficiente o la
delincuencia. Esfuerzos aislados, como mayores transferencias a los encargados
de solucionar estos problemas (Ministerios y gobiernos locales), sin un real
entendimiento que los trascienda, no van a resultar tan efectivos. Justamente
he propuesto a la desigualdad como una situación transversal a varios problemas
y me permitió un análisis diferente. Seguramente hay otros puntos para
explorar.
· Explicar la desigualdad desde un punto
teórico-económico es importante pero no basta: debemos acercarnos más a la
sociedad y experimentar la realidad de la población. En ocasiones
parece que se perdió el trasfondo social de la economía que la acompañó al
inicio (por eso era llamada economía política) y se refugió en términos
técnicos complejos y fuera del alcance de la mayoría de personas. Así, suele
apegarse a modelos teóricos lejos de los problemas que la población sufre todos
los días. Si seguimos ese camino, donde los aspectos técnicos están divorciados
de la realidad cotidiana, no esperemos solucionar los problemas. Es importante
considerar diferentes modelos como herramientas, pero finalmente la realidad
peruana es diferente y desafiante.
· El autoconocimiento es
fundamental: involucrarnos más y conocernos mejor, no refugiarnos detrás de
escritorios y desde ahí ordenar las cosas, sino acercarnos a las personas. Por
ese mismo motivo, Gobierno Central y Ministerios suelen estar alejados de
alcaldes y gobernadores regionales, con ideas muy diferentes respecto a lo
mejor para sus localidades y generándose así conflictos. Para conseguir una
mejor comunicación y conocimiento de nuestra verdadera realidad se debe dejar
de lado dos cosas: los prejuicios que nos hacen desconfiar de
nosotros y nos impiden un acercamiento interno; y la imitación de “modelos” que
funcionan en el extranjero, pero que nos llevan a pensar que siempre es mejor
lo externo.
· Los centros educativos guardan correspondencia con
el nivel socioeconómico de los estudiantes, lo que es entendible pero no
necesariamente positivo. Se crece en una especie de “burbuja” tanto en los
sectores altos (lo que podría generar indiferencia, poco compromiso con la
realidad) como en los bajos (lo que puede reforzar el rencor hacia personas con
más dinero y pesimismo). Considero importante implementar oportunidades que
involucren a los jóvenes a un contacto más directo y humano con
distintas realidades, algo diferente a programas de voluntario dirigidos solo
al asistencialismo.
· Respecto a la educación, existe una amplia
investigación y considero que su importancia ha sido finalmente reconocida por
el Gobierno y por la población, quien exige su mejora. Lógicamente, persisten
varios aspectos a reforzar, pero al menos hay un aparente compromiso por parte
de autoridades y de la sociedad en general, de trabajar en ello. Sí considero
importante fortalecer aspectos tecnológicos y de innovación. Adicionalmente,
se requiere de un mercado de trabajo que funcione adecuadamente y que brinde
oportunidades para aplicar el capital humano adquirido en la educación. En este
punto, no hay un acuerdo general que funcione a manera de política de Estado y
todavía existe mucha discusión sobre qué camino tomar (como quedó evidenciado
con los problemas surgidos tras el debate por la ley de régimen laboral
juvenil).
· El mercado de trabajo, complejo en sí mismo,
no funciona adecuadamente en cuanto la regulación es débil, la corrupción y el
favoritismo están siempre presentes y muchas empresas son manejadas por
“círculos sociales” pequeños. Es importante reconocer que por algunos éxitos
muy meritorios de emprendedores provenientes de clases media-baja, no se puede
generalizar y afirmar que todos los que quieran tienen esa posibilidad: son una
gran minoría.
· Todos los puntos anteriores refuerzan una idea
final: es fundamental que las personas se convenzan de que una
“movilidad social” es posible. Aunque la misma inicialmente no se consiga,
el simple hecho de creer en ella, debería incentivar a un mayor esfuerzo para
lograr avances, generando una mejora general. Una gran trampa en
el Perú y en muchos países no desarrollados es que la población no cree
que este progreso familiar y personal es posible, dada la estructura social del
país, con una desigualdad tan preocupante y con muchos miedos del pasado.
Para la gran mayoría es natural pensar que es imposible “alcanzar” a
las personas de sectores más altos, por más esfuerzo que realicen. Este
problema se puede observar desde ejemplos tan sencillos como la “obligación” de
trabajar para sobrevivir, en vez de estudiar.
· Finalmente, estoy convencido de la necesidad de
políticas multi-sectoriales que enfrenten los problemas desde diferentes
ángulos. La coordinación y el diálogo son fundamentales en este proceso, y los
mimos deberían surgir en un ambiente donde se rompan los complejos de
superioridad e indiferencia. La construcción de un país más unido
definitivamente debe partir desde los jóvenes, dado que
tenemos la energía, estamos dispuestos a arriesgarnos, equivocarnos y seguir
luchando. Detengámonos un momento a pensar que es lo que podemos aportar y,
considerando nuestra juventud, pensemos en lo siguiente: “Solo los peces
muertos nadan con la corriente”.
Si la
piedra dijese “una piedra no puede construir una casa”, no habría casa. Si la
gota dijese “una gota no puede formar un río”, no habría océano. Si el grano
dijese “un grano no puede sembrar un campo”, no habría cosecha. Si el ser
humano dijese “un gesto de amor no puede salvar a la humanidad”, nunca habría
justicia, ni paz, ni dignidad, ni felicidad sobre la tierra.
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