¿Estamos obsesionados con el crecimiento?

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Sin perder un sentido crítico pero con un espíritu de mucho aprendizaje, he tenido la oportunidad de asistir en dos días a cuatro conferencias del Anual Meeting del Banco Mundial y del FMI que se desarrolla en Lima. Algo curioso he notado: mientras los debates cotidianos en el Perú, tanto políticos como académicos, suelen ser superficiales o muy sesgados (se desacredita fácilmente a la otra parte por cuestiones intrascendentes), en estos espacios he podido percibir un diálogo sincero sobre temas como inclusión, desigualdad, oportunidades para los jóvenes, voluntad política y corrupción. La impresión que me llevo para el Perú es la siguiente: en el país seguimos siendo guiados por un miedo y barreras ideológicas que nos impiden discutir temas vitales para nuestro desarrollo; creemos haber encontrado el camino ideal o la receta perfecta y no estamos lo suficientemente abiertos a otras alternativas.

En el aspecto económico hemos experimentado más de 20 años de crecimiento que ciertamente han colaborado a reducir la pobreza (cálculos optimistas asignan al crecimiento el 70% de responsabilidad sobre dicha reducción). Así, hemos “exprimido” al crecimiento todo lo que hemos podido: nos ha traído resultados espectaculares (negarlo sería insensato), pero es un hecho que en los próximos 15 años las tasas de crecimiento se van a reducir y, como país, tenemos que seguir avanzado y encontrar otros caminos para el desarrollo. El crecimiento nos ha dado frutos, en tanto permitió cerrar brechas negativas arrastradas del pasado y fue un fenómeno global con grandes spillovers; pero así como a un árbol no se le exige dar más frutos de los que puede, no podemos exigirle lo mismo al crecimiento. Mantenernos obsesionados con el mismo nos impide proponer otras reformas importantes.

Entonces si el crecimiento se va a reducir (incluso si se realizan los proyectos paralizados), ¿cómo seguir generando un mayor desarrollo que alcance a todos, reducir la pobreza y alcanzar mejores niveles de vida? ¿Acaso hemos llegado a un “techo” y no podemos hacer más? Es este punto en donde otras alternativas deben ser analizadas, entre ellas la desigualdad y distribución del ingreso. En la conferencia “Inequality, Opportunity and Prosperity” se discutieron estos temas y el mismo presidente del Banco Mundial señalaba que un mecanismo fundamental para reducir la pobreza es atacar la concentración de riquezas proponiendo un sistema fiscal más justo y equitativo (coincidentemente muchos de los “beneficios tributarios” terminan favoreciendo a las clases más altas); además se proponen fomentar programas sociales como los CCT (transferencias condicionadas de dinero) y seguir apostando por la educación universal en búsqueda de oportunidades para todos, construyendo confianza y determinación en los jóvenes. Todos son proyectos viables pero que implica enfrentar a fuerzas poderosas y de mucha voluntad política.

Al respecto, y en esa misma conferencia, la OXFAM presentó el informe “Privilegios que niegan derechos”, en la cual se afirmaba que 32 personas en América Latina acumulan la misma riqueza que el 50% de la población más pobre de la región; y que el 10% más rico concentra el 70.8% de la riqueza mientras la mitad más pobre tan solo el 3.2%. Datos que llaman la atención y que más allá de lamentaciones, brindan señales de algunas estrategias que pueden ser implementadas (sí existen los recursos pero no necesariamente están bien distribuidos). Estos datos, sumado a mayor evidencia presentada, justifican propuestas redistributivas, especialmente como un mecanismo efectivo para seguir enfrentando la pobreza sin depender del crecimiento, considerando también las tensiones sociales que este último puede generar. 

Sin embargo, antes de lograr un cambio así, tenemos que romper los miedos que nos paralizan: por un lado a posturas políticas diferentes y por otro, al poder de las élites económicas y del dinero. Mientras las instituciones globales (sorprendentemente para mí) aceptaron esto plenamente, en el Perú seguimos atrapados en un modelo que nos exige cada vez más en pensar en alternativas. No tengamos temor.

Prueba

Estudiante de economía en la Universidad del Pacífico, Lima. Soñador respecto a una mejor país, sociedad y mundo.

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