El desafío de pensar en un país más justo
¿Cuán conscientes somos de los
problemas de nuestro país? No me refiero a situaciones de politiquería (si se
tomaron un selfie o no, si dijeron una u otra cosa por twitter o en una
declaración), sino a cuestiones estructurales, donde sí existen factores políticos
pero también de otras áreas y sobre todo, un análisis cuidadoso de la realidad para entender el funcionamiento de la sociedad y las causas de situaciones injustas. Así, mientras
yo escribo cómodamente con una iluminación de primer nivel y una conexión a
internet estable (igual me quejo cuando se demora en cargar), millones de
peruanos se preguntan qué van a comer mañana, cómo protegerse mejor del frío o
si el sueldo les alcanzará para cubrir sus necesidades básicas. Son temas muy
sensibles, calidades de vida muy diferentes, pero detrás de todos hay seres humanos,
iguales a nosotros pero con “suerte” muy distintas.
Esto lleva a preguntarme, ¿nos
atrevemos a desafiar aquello que nos parece injusto? o simplemente nos
amparamos en muestras solidarias ocasionales. Desafiar implica necesariamente
cuestionar y preguntarse las razones detrás de los destinos tan distintos.
Aunque no se encuentre una solución, el hecho de plantear críticas ya muestra
un descontento, el mismo que estoy seguro lo comparten un buen número de
peruanos (como aquellos mencionados en el párrafo anterior). No obstante pocos
tienen la oportunidad de manifestar el descontento libremente y ser escuchados, exceptuando
su voto en algunas elecciones; además, son desacreditados fácilmente al afirmar, por ejemplo, que han recibido educación insuficiente. Peor aún, a estas
personas descontentas (espero que en este momento ya se entiendan los motivos)
se los culpa de elegir “los gobernantes que tenemos” y así perjudicar al país. ¿Son acaso ellos los que
tienen la culpa de no sentirse contentos con el “sistema”?
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| Mientras unos hablan de justicia, otros se preocupan sólo por los números ... ¿dos mundos incompatibles? |
Uno de los principios económicos es la racionalidad: las decisiones tomadas responden siempre al propio beneficio. La “magia económica” implica que esta situación lleva finalmente a un equilibrio eficiente, el cual ante cualquier intervención del Gobierno u otro agente se ve distorsionado, ocasionándose una pérdida. Lastimosamente lo eficiente no es necesariamente lo más justo (nunca he escuchado a un economista mencionar esta palabra) y es allí donde se encuentran mis mayores preocupaciones. Una situación eficiente puede ser injusta o un caso ineficiente puede ser más justo: en estos casos la economía clásica y neoclásica estarían llevando a soluciones egoístas - las cuales no son las mejores para el país - generando descontento. Si hablamos de injusticias, existen grandes problemas que no podemos esperar se “resuelvan solos” o querer dejarlos a manos de la economía de libre competencia: el punto de partida llevaría a una divergencia de ingresos fatal.
Alguien tiene que resolver estos
problemas y dado que los agentes privados son racionales y tienen sus propios
intereses, la responsabilidad recaería - lastimosamente para muchos - sobre el Estado.
Para solucionar estos problemas ciertamente se necesita dinero; sin embargo,
las mismas personas que culpaban a personas ignorantes (quienes no pudieron recibir buena educación) de un supuesto fracaso de nuestro país, abogan también por mayores reducciones
de impuestos y menos programas sociales. Finalmente afirman que el sistema
económico funcionaría mejor así… ¿A dónde queremos llegar? ¿A mayor eficiencia
y menos justicia?
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