Ganadores y perdedores

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Cuando ganamos un partido, fácilmente omitimos los errores. Si perdemos, lo mejor es descargar la culpa sobre alguien. Lo mismo viene pasando en la economía, con la diferencia que las consecuencias de las “victorias” y “derrotas” (crecimiento y crisis, por ejemplo) son decisivas para una parte población y puede ser una cuestión de vivir o morir, de alimentarse o pasar hambre, de llegar a niveles mínimos de vida o no. Más aún cuando en un juego los victoriosos son siempre los mismos, apostar por los que suelen perder no tiene mucho sentido (con mayor razón si “paga” igual o menos que apostar al ganador) y pocos lo harán. Se vuelve un juego donde tanto los participantes como los espectadores, a la espera de que el “equipo poderoso” sea solidario con ellos, favorecerán el desarrollo del juego sin mayor crítica. Yo prefiero ir en contra y apostar por los perdederos, por aquellos en los que la gente olvida o peor aún, los ve como inferiores, estos mismos son ciertamente aquellos que no se ven favorecidos por un juego (sistema económico) que les presenta todo en contra, y entonces se vuelven víctimas de la injusticia.


En caso el equipo ganador sufra un revés, preferirán culpar a alguien específico, cargar sobre él las culpas y no modificar el estado de las cosas. Se requerirán golpes sucesivos para que los ganadores decidan cambiar de “estrategia” y sólo tal vez, comportarse diferente con los perdedores. La crisis económica del 2008 ciertamente fue una derrota inesperada para este equipo capitalista dominante y entonces se culpó a banqueros irresponsables, unas cuantas personas más y las responsabilidades terminaron. La estrategia sigue en pie y así la especulación, la concentración de capital y las desigualdades persisten e incluso empeoran: algunos siguen teniendo mucho mientras otros nada. Lo peor de todo es que las consecuencias de las derrotas de este sistema ciertamente no recaen sobre los poderosos que pueden encontrar alternativas o soluciones temporales, sino los que más sufren son aquellos vulnerables, con empleos precarios y que no tienen a dónde ir. 


Es fácil caer en optimismo cuando las cosas van bien e igualmente caer en pesimismo ante situaciones adversas. En el Perú tenemos mucha confianza en nuestro sistema económico y en general de que, a pesar de la caída en algunos indicadores, la tendencia va a perdurar y si seguimos por el camino que vamos, el progreso llegará sólo. La realidad es más desafiante que eso y estamos en medio de un juego más complejo, más aun cuando somos un jugador que puede ser prescindible. Nuestras prioridades deben enfocarse en los débiles y construir junto a ellos (no para ellos) y a partir de allí, atreverse a desafiar estructuras injustas. Las buenas intenciones no bastan y la perspectiva sesgada con la que vemos la realidad económica, observado únicamente a vencedores, debe ser replanteada. Espero que no sean necesarios muchos golpes para caer en la cuenta de ello y así, no seguir favoreciendo un juego injusto que mientras nos mantiene cerca a los ganadores, nos ciega e impide cuestionarlo. 

Prueba

Estudiante de economía en la Universidad del Pacífico, Lima. Soñador respecto a una mejor país, sociedad y mundo.

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